Parece que los comentarios públicos no son del agrado de muchos. Por eso y por más razones, que no vienen al caso, aquí os dejo una cuenta de correo en la que podeis decir lo que os venga en gana.

Vayan por adelantado las gracias por ponerte en contacto.

doytegracias@gmail.com

viernes, 8 de febrero de 2008

Muchos son, los años que han pasado

no sé los años, mas recuerdo los días

con lloros, de las esperanzas, gozos y alegrías

pues los recuerdos existen contigo a mi lado.

Todo es fácil, cuando por ti estoy acompañado

porque sosiego y tranquilidad eres tu, alma mía

y aunque la vida o mi mente con su cordura me astía

de amarte, de quererte, aún no estoy cansado.

Y aunque en mi silencio quedo invisible

porque amarte con más amor ya no puedo

toda mi alma ora para que mi sueño sea posible.

Y a sabiendas que mi objetivo es punible

con el riesgo de enloquecer por este enredo

sello mi alma a tu corazón, en amor infalible.

domingo, 3 de febrero de 2008

Cruz y Vida

Pasan los días y al poco de celebrar su venida y su epifanía el juguetón calendario nos pone ante el camino de la Cuaresma.

Como dice un amigo mío: No ha nacido y ya lo estamos matando.

La Cuaresma. Un tiempo especial sin duda. Cargado de misterios y de sueños infantiles, de ayunos y abstinencias ante la mirada perpleja de conocidos, de misas penitenciales.

En definitiva una época de preguntas y a veces respuestas.

Un camino en el que puedes echar tus pasos al encuentro de la verdadera razón de la existencia de la fe en Dios.

La promesa cumplida de que el verbo se hacía carne y habitaba entre nosotros ya se nos ha hecho patente un año más, pero tal acontecimiento no hubiera pasado a la historia, no hubiese tenido ni una línea más que en el empadronamiento del emperador Augusto si no existiese la vida pública. En definitiva si aquel destinado a ser no hubiera aceptado su destino. En eso vive su grandeza, podría no haber muerto, ¿qué necesidad tenía de demostrar nada? Es Dios y a Dios nada le justifica su existencia pues Él es el justificante de toda existencia.

¿Qué necesidad tiene de sufrir y morir de muerte en cruz? ¿Porqué dejar derramar su sangre hasta el punto de manar agua? Es ahí donde está el sentido de la existencilidad de Dios. Sólo sabiendo a que extremos llega un hombre es cuando cobra sentido luchar por él o dejarlo a su mutua destrucción. Y Él decidió luchar por nosotros cuando nosotros luchamos contra Él.
Se limitó a darnos las pautas de trabajo, a indicarnos el camino, a dejarnos ver donde está la fuente viva de la vida.
Y resucitó, pero no para demostrar su poder, si no para decirnos dónde estaba y dónde nos espera. Para dar los últimos recadillos a aquellos que no entendieron a la primera. Para hacer ver a los que precisan meter la mano en la llaga.

Y es en rostros como éste en donde encuentro la paz que necesita mi alma, la fuerza que me levanta cada mañana cuando, si por mí fuera, muchos días me quedaría bajo la calida manta de mi cama que hace que todo valga.

Y así doy gracias a Dios por haber muerto por mi, por darme un arma de lucha y una coraza de esperanza. Por ser aquel que me lleva en sus brazos, maltrechos de tanto luchar por el hombre, cuando yo no tengo fuerzas para seguir caminando.
Por eso celebro la Pascua, por eso me regocijo con el Domingo de Ramos, la Domenica di palma de mi amado J.P. II, por eso me humillo en el Triduo pascual, por eso rezo procesionalmente con mis hermanos y sobre todo por eso asisto sin falta a celebrar la Vigilia Pascual.
Porque necesito abandonar las sombras de mi calvario y recibir la Luz de mi esperanza. Porque necesito de su fuego para que mi pábula fe se encienda cual cirio en día de viento.
Por eso y porque mi Santa Teresa me abrió el camino cuando dijo: "Poned los ojos en el crucificado y todo se os hará poco".

Y por no extenderme más os dejo un hermoso documento sonoro que recientemente descubrí entorno a la cruz. >>Gracias

viernes, 1 de febrero de 2008

Recordar, esperar. Confiar

Recordar.
Golpeaba insistentemente en mi cabeza una sola idea: no te olvides, Johnny, no te olvides.
Olvidarme de qué. No lograba recordar qué era aquello que no debía olvidar.
Era una mala época. El trabajo se acumulaba sobre mi mesa en elevedas columnas de papeles llenas de números, gráficas de evolución y más y más cuentas de reducción de costes.
La casa se antojaba fria y distante. No tenía ganas de ver a nadie y lo único que deseaba tener paréceme que se me escurría entre los dedos como un puñado de arena fina.
¿Pero que debía recordar?. Me estaba volviéndo loco de desesperación.
Del trabajo no era, de eso estaba seguro. La compra la tenía hecha y nadie me había dejado recado de nada. Las mil y una tarea que mi madre me tenía encomendadas para ese día en que su niño pudiera hacerlas tampoco era. No me apetecía ponerme a hacer chapuzas en un fin de semana que ya estaba ocupado por tareas sociales y profesionales hasta el punto en que la limpieza con aspirador de mi casa se tendría que quedar para el próximo fin de semana -siempre para el próximo-.
Toda la vida a la carrera y nunca llego a meta y cuando alcanzo algun punto de control adolezco de retraso, Argh! qué vida más desordenada o más bien que vida más ocupada.
Pensaba que debía quitarme de aquello que me sobra, pero quien sabe lo que está de más en todos los berenjenales en que te metes.
El despacho se estaba convirtiendo más en mi casa, más en mi vida de lo que era sano admitir. Vacaciones, solo se me ocurría pensar si era eso lo que no debía olvidar. ¿Cogerme unas vacaciones?, ¿sería eso lo que no debo olvidar?. No, de hecho tenía los carnavales de permiso.
Pasaba el tiempo entre golpes convulsivos y ordenados sobre el teclado numérico de mi ordenador rellenando una hoja de cálculo más.
Llaman a la puerta. Es el conserje. -Jefe!, no te olvides de comprar el despertador para mañana-.
Él, sí. Esa persona que pasa desapercibida, que para muchos es insignificante, pero que una vez más me ha dado la vida. Su metódico estilo de trabajo con cientos de avisos en su mesa y uno de ellos era mi olvido.
Mañana debía levantarme a las 6'30 y no tenía despertador después del último enfrentamiento que tuvimos esa mañana cuando se empeñó en hacerme despertar en mitad de un sueño más, pero que en ese instante me pareció el más maravilloso de los sueños.
Pues eso era. Comprar un nuevo enemigo de mis sueños. Y todo para ir a una reunión en Sábado y en la puñetera capital del reino.
Al menos descansará mi intranquilidad por recordar y podría dedicarme a enfrentarme a la soledad de mi casa. Salir del castillo de mi trabajo y meterme en mi dulce agónico hogar.
Alimentar a mis amados peces, regar mis idolatradas plantas, limpiar el patio que nunca puedo disfrutar por las malditas palomas, recoger la ropa seca, hacer la cena, ver la televisión, finiquitar las últimas llamadas del día con amigos y familia y dormir.
Dormir, dormir y soñar. Soñar que todo cambiará. Que por fin tendré un ayudante en el despacho. Que mi vida se decelerará. Que la arena que se me antoja ver escurriéndose entre mis dedos lo dejará de hacer para mantenerse entre mis manos arropando mi herido corazón.
Unos pasajes del Castillo interior o algunas palabras de Efesios seran una más que usada estrategia de fuerza interior antes de dormir. Y cuando todo se nubla el Salmo de David con sus pastos y aguas tranquilas, con su cayado en sendas tenebrosas, con su mesa llena y sus perfumes. Para habitar por día sin término en la gloria del Señor.
Por fin empieza la Cuaresma. Poco más de cuarenta días y a vivir la fe en su más pletórico esplendor popular. Rebrotar con el resucitado y tomando consciencia de su entrega y lucha.
Pero hasta entonces a seguir luchando en el valle de lagrimas con su ejemplo. Y poniéndome en sus manos, Confío.

Memorias del recuerdo

Lo bueno y lo malo de la mente humana son los recuerdos.

Cuando la vida te impulsa a seguir adelante, cueste lo que te cueste, tu inevitable compañera es la memoria.
Memorias de experiencias marcadas a fuego.
Recuerdos de tu vida en sensaciones.
Reacciones del pasado que se hacen presente.
La lógica de lo vivido es traído, con frecuencia erróneamente, para resolver el presente, o plantear un futuro por explorar. Siempre la experiencia es un grado y el zorro viejo tiene mucho camino andado y muy curtido su pellejo.
Pero eso solo te es válido, y no siempre, cuando de mundanas cuestiones se trata.
Cuando los sentimientos son los que mandan, los recuerdos, las memorias del pasado son solo equipaje que sobra.
La vida, trasiego de moradas, acervo de recuerdos ...
El paso del tiempo, arañar la felicidad, poner los cimientos en tierra firme, confiar en Dios, amar y anteponer la familia a todo, limpiar la memoria y aceptar los recuerdos es el mejor modo de pasar las moradas.
Poner al día el almacén de memorias del recuerdo, sin eliminar nada de lo vivido, pero colocando cada cosa en su sitio, es una tarea obligada para que la vida no sea un continuo pasarlas moradas.